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Del porno al sexo real, del cine a la realidad

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Cine versus realidad

Mirar una película porno es una buena manera de erotizarse, de entrar en calor, de ponerse a punto. Tomar una película porno como modelo a seguir en las relaciones sexuales, una perfecta manera de avanzar a pasos agigantados hacia la frustración. Deberíamos saber que el cine es cine. Del mismo modo que no creemos que Superman exista ni que un extraterrestre pueda extraviarse para esconderse en nuestra cocina, jugar con nuestros hijos y echar sus bicicletas a volar, no deberíamos creer que lo que se observa en una película porno es la plasmación real de lo que es el encuentro sexual habitual entre un hombre y una mujer.

Para empezar, y para evitar frustraciones, complejos y sentimientos de vergüenza injustificados, hay que hablar del tamaño de los atributos genitales de los actores porno. Lo primero que hay que pensar antes de ponerse a buscar instrumentos para aumentar el tamaño del pene o a informarse sobre las técnicas quirúrgicas que permitan el incremento de dicha medida, es que el actor porno lo es por poseer un talento especial. Ese talento se fundamenta en el hecho de tener un pene de un tamaño superior a la media. No hay que poseer un pene como el de Nacho Vidal o Rocco Siffredi para ser un buen amante. Un pene normal es aquel que, en estado de erección, está entre los 12 y los 15 cm de largo. Un pene menor de 12 centímetros podría considerarse pequeño. El súper pene sería aquél que mide 19 cm o más. Rocco Siffredi y Nacho Vidal juegan en esta liga. No hace falta pertenecer a ella para disfrutar del deporte.

Tampoco hace falta tener una eyaculación especialmente abundante para disfrutar del sexo. Todos hemos visto en algunas películas cómo hay penes que comienzan a vomitar un río de semen que parece no tener fin. Entre 1,5 mililitros y 5 mililitros es el volumen normal de semen de una eyaculación, pero se pueden alcanzar los 15 ml. El nivel de excitación y el tiempo de abstinencia sexual previa influyen en dicho volumen, así como la alimentación y algunos factores personales. Volvemos a lo mismo: el actor porno es actor porno por algo. Del mismo modo que, seguramente y llegado el caso, no tendrías facultades para transmitir con la misma verosimilitud con que lo hizo Marlon Brando la personalidad de Vito Corleone en El Padrino; no debes empeñarte en rociar de semen unos pechos exuberantes. Confórmate con salpicarlos un poquito. El placer de dicha eyaculación, en el fondo, será semejante.

Otro aspecto que hay que evitar trasladar del encuentro sexual de la película porno a la realidad es el del desarrollo de los acontecimientos. En el porno no hay calentamiento. Nada que tenga que ver con el cortejo aparece en el porno. En la realidad, las cosas suceden poco a poco, se van tejiendo complicidades entre las dos personas y el deseo va infiltrándose lentamente en una relación que vira hacia lo sexual. En la vida real es difícil que se pueda dar esa situación tan propia del cine porno en la que hombre y mujer van directamente al grano de lo sexual. En el porno, el saludo del hombre y la mujer da paso, casi sin solución de continuidad, a la felación o al cunnilingus. En la vida real se necesita un poquito más de tiempo. Algo más. Se han recortados los tiempos respecto a generaciones anteriores, pero ese tiempo, salvo excepciones, sigue existiendo. Si conoces a una chica que te gusta y pretendes actuar como un actor porno, yendo al grano directamente, es probable que te lleves un bofetón, una patada en salvas sean las partes o un pequeño chorro de gas pimienta en los ojos.

Tríos y flexibilidad

Es fundamental que recuerdes en todo momento (por grande que sea el deseo y por aturdida que tengas tus neuronas por la descarga de hormonas propia de él) que trasladar los modos de comportamiento cinematográficos a la vida real sólo puede traerte problemas. Por ejemplo: en el cine porno es muy habitual la formación de tríos. Los tríos se forman de manera natural y sencilla. En el acto sexual propio del cine porno no existen los celos y, así, es fácil compartir pareja o ser compartido. Aunque la idea del trío pueda resultarte muy excitante y atractiva procura no hacértelo con una amiga de tu pareja con la idea de que ella, tu pareja, os sorprenda en pleno acto sexual. Maleado psicológicamente por la visión de tanta película porno en la que aparece un trío originado a partir de la situación descrita, puedes pensar que tu pareja, repentinamente excitada sexualmente por la visión de verte follando con su mejor amiga, se unirá a vosotros, inflamada de deseo, intercambiando besos y caricias alternativamente contigo y con su amiga. Si intentas trasladar esa situación, tan habitual en las películas porno, a la vida, es probable que pierdas a tu pareja.

Otra cosa que puedes perder si deseas trasladar lo observado en una peli porno a la realidad es la salud muscular. Un tirón o una rotura fibrilar pueden ser la consecuencia lógica de intentar emular alguna de esas posturas acrobáticas que actores y actrices porno adoptan en sus actos sexuales. Dejando de lado la preparación física de actores y actrices (hay una tarea de gimnasio nada despreciable detrás de alguno de esos cuerpos tan deseables), piensa en si, verdaderamente, alguna de esas posturas ayudan a incrementar una sensación placentera durante el acto sexual o, por el contrario, lo convierten en algo casi heroico. Si crees que dichas posturas pueden proporcionarte un extra de fogosidad y placer, prueba a realizarlas. Eso sí, ten cerca de ti algún gel antiinflamatorio o un potecito de Reflex. Quien avisa no es traidor y la lumbalgia acecha a los contorsionistas aficionados. Y piensa que, después de todo, el acto sexual no es un examen de Kama Sutra. Todo puede ser mucho más sencillo y placentero.