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Porno feminista: una nueva manera de rodar el porno

Nombres del cine feminista

No es ésta la primera vez que en este rincón prestamos atención al porno feminista o porno femenino. El verano pasado ya dedicamos un artículo (Porno femenino: nuevos aires en la industria del porno) a este tipo de cine y, en particular, a una de sus pioneras, la activista pornográfica sueca (y residente en Barcelona) Erika Lust. En otra ocasión también fijamos nuestra vista en la tarea profesional desempeñada por Amarna Miller, una joven madrileña licenciada en Bellas Artes que hace ya unos años irrumpió en el mundo del porno como un soplo de aire fresco.

En ambos casos, en el artículo dedicado al porno femenino y a Erika Lust y en el dedicado a Amarna Miller hemos hablado de cómo una y otra perseguían la filmación, realización de un tipo de porno que se alejara de los estándares del porno maestream, es decir, del porno habitual que suele consumirse a paladas en la red y que sigue unos patrones fundamentalmente androcentristas. Estas dos mujeres, Lust y Miller, forman parte de una corriente crítica que, desde diversos colectivos (el sueco New Level of Pornography, por ejemplo) y desde postulados feministas, vienen señalando cómo, de la misma manera que se puede practicar (y de hecho se practica) el sexo de una manera feminista, también puede filmarse porno feminista.

En nuestros anteriores artículos dedicados al porno feminista señalábamos cómo gente como Lust, Miller o la neoyorquina Cindy Gallop, decididas a plantar cara a los estándares maestream del porno, habían dado un paso adelante y se habían puesto manos a la obra. De una manera u otra, seleccionando los papeles a interpretar, montando productoras o dirigiendo una página web, unas y otras habían comenzado a hacer un porno “diferente”. Ahora, constatado ya que lo del porno feminista es algo que va y está más allá de la moda, ha llegado el momento de señalar cuáles son las características principales del porno feminista y las que lo hacen diferente del cine porno tradicional.

Características del cine feminista

La primera característica que hace del porno feminista un cine porno diferente al porno maestream es la del intercambio de roles que se produce en las películas entre el hombre y la mujer. En el porno tradicional, el hombre usa a la mujer para procurarse placer, convirtiéndola en algo semejante a un objeto sexual. En el cine feminista sucede al revés: es la mujer quien se sirve del hombre convirtiéndolo en un objeto de placer.

Ese intercambio de roles viene complementado por un hecho determinante: en el cine feminista, la voz cantante la lleva la mujer. Es ella quien decide cómo, cuándo, con quién y de qué manera se mantienen las relaciones sexuales filmadas.

El cine feminista se caracteriza también por su lucha contra la homogeneización del tipo de mujer que aparece en las películas porno. En el cine feminista aparecen mujeres y hombres de muchos tipos. La naturalidad se impone en el cine feminista por encima de los estereotipos. Después de todo, las mujeres no siempre se parecen a las pornostar ni los hombres son clones de Nacho Vidal.

El cine feminista exige también una nueva manera de enfocar los cuerpos y encuadrarlos dentro de la imagen. El hombre no es aquí el protagonista absoluto y hombre y mujer comparten protagonismo a la hora de mostrar en primer plano o en planos cortos sus expresiones de placer.

El cine feminista se caracteriza igualmente por integrar un tipo más variado de orientaciones sexuales. Así como el cine porno clásico acostumbra a utilizar actores y actrices heterosexuales, el cine feminista cuenta entre su elenco de actores y actrices con un mayor número de bisexuales, homosexuales y transgénero. Esto, lógicamente, permite y garantiza una mayor variedad de argumentos y posibilidades escénicas. Ése es, también, uno de los encantos del cine feminista.