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Hentai: el morboso cómic de la perversión

Saliendo del Salón del Manga

Nos lo comentó una de los 130.000 visitantes del XX Salón del Manga que entre el pasado 30 de octubre y el 2 de noviembre se celebró en Barcelona. Salía de visitar el Salón, debía rondar los 25 añitos e iba espectacularmente vestida. Parecía salida de un colegio privadísimo para niñas de papá, aunque la apertura de la blusa y la altura de la falda tableada le daba un aire lascivo muy excitante y morboso. Fan declarada del cosplay, Sandra (así nos dijo que se llamaba), acudía al Salón del Manga buscando novedades sobre un subgénero que le vuelve loca: el Hentai. Cuando le preguntamos en qué consistía el Hentai, Sandra, con mirada picarona, nos dijo:

“Imaginad la escena que os voy a comentar. Ella es una chica muy joven, casi una colegiala. Es cierto que, pese a eso, su vestido de estudiante apenas le cubre las nalgas, que se observan restallantes y se intuyen duras. Tanto como los pechos, exuberantes e inflados, casi siliconados, reventones bajo la blusa entreabierta, adornados por las guindas duras de los pezones, que parecen querer romper la tela del sujetador que se adivina y de la blusa que a duras penas puede sujetar el ansia de los botones por salir disparados. Pero ni las nalgas ni los pechos pueden mancillar el gesto de inocencia de esa chica. Sus ojos dulces y tristes proclaman esa inocencia casi virginal. También sus genitales, aunque parezca mentira, parecen proclamarla. Se observan en la imagen muy poco desarrollados, sin vello púbico que los oscurezca. De vez en cuando, la imagen de estos genitales aparece pixelada. Sobre todo cuando un pene se introduce en su vagina y entra y sale de sus húmedas profundidades con ritmo cachondo y violador. El ritmo es violador porque la chica no consiente en ese acto sexual que se desarrolla de manera machacona y torturante contra su voluntad. Sí. No os escandalicéis ni os llevéis las manos a la cabeza: la chica es violentada. Ya habéis visto eso en películas o incluso lo habéis representado con vuestra pareja, cuando os pica el gusanillo del experimentar y jugáis al sado. También aquí, como en vuestros juegos o en vuestras fantasías eróticas, la chica es violentada analmente. Sobre todo analmente. En algunas ocasiones, por un maestro rijoso y enfadado. En otras, por algún miembro de una extraña y diabólica secta. En la mayoría, por una especie de monstruo dotado de tentáculos que se introducen por todos los agujeros de su cuerpo, que le llenan la vagina y el ano, que la llevan a ese punto en que dolor y placer se mezclan en una mixtura extraña y embriagadora. La inocente jovencita, que no deseaba esa relación, es castigada por haber cometido un castigo que, seguramente, nunca ha llegado a cometer. Por eso sus ojos se llenan de lágrimas…”

Le dijimos que callara, que no siguiera, que ya nos hacíamos una idea de a qué se refería… Excusas. Seguir escuchando a Sandra en aquel momento hubiese supuesto arriesgarnos a padecer un calentón de campeonato en horas de trabajo. Y no estábamos por la tarea de calentarnos tontamente escuchando cómo aquella joven customizada nos erotizaba con aquella escena.

La escena que aquella visitante del Salón del Manga imaginó para nosotros puede parecer imaginada ex profeso para formar parte de una película de sexo duro con un reparto de grandes actores y actrices porno. Pero no. Esta escena en la que la inocente muchacha es obligada a engullir un cipote descomunal mientras una polla implacable le va perforando el culo debería ser representada, para ser prototípiamente Hentai, mediante dibujos animados (como Heidi, Marco, la Abeja Maya o D’Artacán) o mediante un cómic (como Spiderman, Superman, Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape).

La escena que os acabamos de describrir (y que fue la que la libidinosa Sandra nos contó) es una escena típica de Hentai, un subgénero de animación japonés hermano del Manga y que nació en la década de los ochenta. El fundamento del Hentai radica en la representación de escenas de sexo violento tanto en forma de cómic como en forma de videojuegos porno o película de animación. Demonios, profesores pervertidos, maestros casi pederastas, señores feudales o sectas satánicas que parecen haber manado de la imaginación desbocada del Marqués de Sade aparecen como protagonistas en estas películas en las que personajes como Reona Morimoto, Kaori Saeki, Kusanagi-Haruka o Kaoku se convierten en nombres de referencia para los amantes de un género que no cesa de lanzar nuevos títulos al mercado. Los fans del Hentai, así, pueden disfrutar continuamente de una amplia oferta on line para poder visionar historias que satisfagan sus gustos estéticos.

Bailando sobre la cuerda floja de la censura

El Hentai (que podría traducirse por algo así como “pervertido”) es un género de cómic y animación pornográfico hermano del manga y nacido en Japón, heredero de la cultura y leyes japonesas, y en el que se combinan de manera extraña y un poco alucinante el libertinaje más desbocado y una censura caprichosa y ambigua respecto a lo sexual.

Esa extraña legislación, que tradicionalmente prohibió la exhibición directa de genitales pero permitió el que se pudiera exhibir el de los niños o las chicas jóvenes por no ser personas sexualmente maduras, hizo que los dibujantes de Hentai, en su deseo de plasmar una creatividad eminentemente pornográfica, optaran por mostrar en sus creaciones (cómics y películas de animación) tentáculos en sustitución de penes y en dibujar genitales femeninos poco desarrollados y sin vello púbico. Otra de las consecuencias de esas leyes, que en 1948 comenzaron a prohibir la exhibición de particularidades anatómicas muy explícitas, es que, al no prohibir directamente la exhibición de pechos, favoreció la aparición de personajes femeninos dotados de pechos descomunales.

Morbo y perversión

Gracias seguramente a esas leyes extrañamente ambiguas que se centraron en censurar las cosas más simples y permitieron, por el contrario, la práctica de otras más hard, tuvo lugar la aparición de una pornografía más retorcida y morbosa. Sólo hay que ver alguna de las imágenes de algún cómic Hentai en la que algún monstruo lleno de tentáculos se recrea en el abuso y la violación de alguna de estas teenagers de cuerpos explosivos y miradas límpidas que tan imitadas son estilísticamente por las fans del cosplay y que en muchos historias acaban enviciadas de placer, derretidas por las penetraciones monstruosas de esos engendros multitenticulares y lujuriosos.

Uno de los primeras Hentai que se vendió como tal y que fue creado única y exclusivamente pensando en el público adulto fue Cream Lemon, una animación de 25 minutos de duración creada en 1984 (hace ahora 30 años) y en la que se mostraban las relaciones sexuales que mantenía Ami, un joven estudiante, con su hermanastro Hiroshi. El gran éxito de esta creación hizo que, bajo la dirección de la productora Fairy Dust, se iniciara una colección de historias sexuales casi surrealistas con títulos destacados como Escalation, Ami Specials, Five Star o Showa. A esas historias y a todas las que siguieron se fueron incorporando elementos argumentales de comedia, de suspenso, de acción, de drama, de misterio…

El nacimiento de la productora Pink Pinneaple en 1992 marcó un punto de inflexión en el universo Hentai. Obras como End of Summer o Imma Yojo se convirtieron en algo así como la puerta de entrada a un trabajo de realización más profesional y unos guiones más sólidos (en los que se introdujeron temáticas relativas al incesto, al terror, a los dramas familiares o al vicio y la corrupción de las clases empresariales y políticas japonesas) sirvieron para dar mayor encarnadura argumental a esas historias de jovenzuelas violentadas por cipotes implacables y monstruos cachondos que se introducen en sus vaginas, en sus bocas y en sus anos dejando en ellos el rastro de copiosas eyaculaciones y la catarata de caudalosos fluidos.

Del género más gore al yaoi (gay), del lolicon (en el que se roza la pederastia) al yuri (lésbico), el Hentai ha ido ampliando su perspectiva y temática, se ha ido permitiendo (amparado por la ambigüedad legal y una cierta relajación censora) una mayor evidencia expositiva y creando una imagen fácilmente reconocible entre todos los amantes del género. No en vano, gente como So Nagai (creador del archiconocido y mundialmente famoso Mazinger Z) ha experimentado de manera más o menos continuada a largo de su carrera profesional con el cómic erótico desde que, a finales de los sesenta, publicara su serie Harenchi Gakuen (La escuela indecente). Con los años, So Nagai ha ido incorporando a sus historias eróticas temas de humillación sexual, de violencia y mutilación, de sexo oral… Eso sí: Nagai (el que convirtió los pechos de Afrodita-A, la «novieta» de Mazinger, en armas de destrucción masiva), se ha autocensurado siempre a la hora de mostrar explícitamente los genitales de sus personajes, tanto masculinos como femeninos. Una ambigüedad la suya ciertamente muy japo.