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El ero-guro: donde el erotismo y lo gore se encuentran

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Algo más que porno gore

Por mucho que nos creamos expertos en erotismo y en su historia, ellos nunca dejarán de sorprendernos. Hablamos, claro, de los japoneses. Su concepción del erotismo siempre acaba por impactarnos o, cuanto menos, por sorprendernos. Nos sorprendió en su momento el hentai y la presencia invasiva de lo erótico en el anime japonés, nos sorprendió el shunga y su explicitud erótica y nos enamoraron las obras de artistas como Seiu Ito o Nabuyoshi Araki. Ahora nos reconocemos desconcertados de cómo la imaginación erótica de los japoneses puede conseguir que de la alianza de lo sexual y lo gore o sangriento pueda surgir todo un género erótico, el ero-guro.

El ero-guro ha sido tratado por muchas personas como “porno gore”, pero el ero-guro es algo más. En él, sí, se muestran deformaciones propias de una feria de los monstruos; en él, sí, aparecen situaciones sexuales que nos pueden parecer, cuanto menos, incómodas; y en él, sí, la violencia está tremendamente presente en todo momento, pero la intencionalidad del ero-guro va mucho más allá de la simple voluntad de impactar a quien lo mira. El ero-guro es, en gran medida, una protesta contra los tabús.

El término ero-guro nansensu, pues ése sería el nombre completo de este género o movimiento, hace referencia a un género que, como muchos otros géneros artísticos, es un género bastardo, un género en el que confluyen varios géneros y que toma su nombre de tres vocablos ingleses: ero (de erotismo), guro (de grotesco) y nansensu (de sinsentido). Así, el ero-guro sería un género artístico encargado de mostrar un erotismo grotesco y sin sentido.

El estudio de Jesús Palacios sobre el ero-guro

Uno de los grandes expertos en ero-guro es el crítico y escritor madrileño Jesús Palacios (1964). Jesús Palacios ha presentado Eroguro: horror y erotismo en la cultura popular japonesa. Editado por Satori, esta obra recopila estudios de expertos en el tema y una excelente colección de ilustraciones propias del género, algunas de ellas extraídas del corpus histórico del mismo, otras realizadas para la ocasión.

El libro de Jesús Palacios sirve para distinguir dónde están los límites del género. Palacios lo explica con las siguientes palabras: para que una obra pueda ser considerada propia del género eroguro tendrían que estar presentes en ella “los tres elementos al mismo tiempo: el erotismo, lo grotesco y también determinado grado de humor surrealista o de sinsentido, no necesariamente divertido, pero sí absurdo”. En el fondo, en el fondo, lo que el eroguro esconde es un trasfondo amoral y profundamente nihilista.

El eroguro nació en el tiempo de entreguerras. Sin manifiesto que declarara los objetivos del mismo, el eroguro no debe ser considerado, estrictamente, un movimiento que creara un grupo de aristas. El eroguro, así, debe ser considerado como la suma de un conjunto de reacciones personales de una serie de artistas y de creadores que, con su obra, reaccionaba y se oponía contra la moral ultraconservadora propia de los gobernantes japoneses de las décadas de los veinte y los treinta.

Que la reacción de las autoridades niponas fuera marcadamente censora era previsible. Que esa censura se hiciera especialmente dura durante los años de la Segunda Guerra Mundial, también. Pero, finalizada la guerra, el eroguro consiguió abrirse espacio en un ambiente no demasiado propicio. Las autoridades y su propaganda empujaban a la ciudadanía a reconstruir el país. Las expresiones artísticas cargadas de sexo y la expresión desacomplejada del deseo fueron, por decirlo de algún modo, dos maneras de ejercer la transgresión, dos formas de luchar contra la herencia budista, sintoísta y, sobre todo, confucionista, que predicaban la sumisión al emperador y el sacrificio del individuo a su causa. El eroguro, así, lo que escondía tras su canto a una sexualidad libremente ejercida era un grito de libertad contra una sociedad marcadamente autoritaria y censora.

Los artistas del ero-guro

Entre los artistas más destacados de la historia del ero-guro podemos destacar los siguientes:

  • Yoshitoshi. Tsukioka Yoshitoshi puede ser considerado como un predecesor del ero-guro. Artista de shunga durante el período Edo (1603-1867), Yoshitoshi utilizaba la técnica tradicional de impresión en madera para realizar una obra en la que la violencia y el sexo estaban muy presentes.
  • Suehiro Maruo. Maruo, nacido en Nagasaki en 1956, puede ser considerado heredero de la técnica artística de Yoshitoshi. En sus obras, las deformaciones óseas, los defectos de nacimiento, los desmembramientos y las mutilaciones tienen un protagonismo muy marcado.
  • Shintaro Kago. Este dibujante de mangas es, seguramente, uno de los que imágenes más “desagradables” realiza dentro del universo ero-guro. Pese a la violencia de sus imágenes y a lo escatológico de las mismas, Shintaro Kago consigue lograr un efecto cómico y satírico en la finalización de sus historias, lo que es muy valorado por los seguidores del ero-guro.
  • Takato Yamamoto. Cartelista e ilustrador nacido en 1960, Yamamoto es un artista que bebe de dos fuentes: el arte Ukiyo-e del período Edo y el arte ilustrativo europeo de finales del siglo XIX. Esto lo convierte en un dibujante de ero-guro muy particular. Dentro del género, Yamamoto es uno de los artistas más sutiles y sensuales.
  • Hideshi Hino. Este artista multimedia japonés es productor y director de varias películas de la violenta saga Guinea Pig. El hecho de que varias de sus películas se encontraran entre las pertenencias de un asesino en serie japonés que durante los años 90 asesinó a varias personas y cometió actos de necrofilia y antropofagia, entre otros, hizo que la imagen de Hideshi Hino quedara relativamente enturbiada.
  • Henmaru Machino. Machino suele plasmar en sus dibujos mujeres con penes o clítoris gigantescos. También gusta de plasmar todo tipo de deformaciones corporales, así como delirantes escenas de hermafroditismo. Machino no es gore, no es amante de la violencia. Eso sí: es muy amante de lo grotesco y de provocar sirviéndose de lo erótico, lo que lo convierte en uno de los nombres imprescindibles del ero-guro.
  • Toshio Saeki. La apuesta ero-guro de Saeki se fundamenta en el emplazamiento de hombres y mujeres en contextos eróticos y violentos junto a seres sobrenaturales como pueden ser los tradicionales pulpos gigantes propios del hentai o demonios de todo tipo.

Cada uno a su manera, cada cual con su estilo, todos estos autores dan o han dado fuerza al ero-guro, un género que, afirma Jesús Palacios, ha servido y sirve para poner en cuestión lo que es normal y lo que no y para poner en solfa los conceptos de moralidad y corrección.