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El cómic erótico nos regala doce perlas de rubor

vampirella, cómic erótico

Rubor: el cómic erótico colectivo de La Cúpula

El erotismo no se reduce a Cincuenta sombras de Grey. La película basada en la novela de E.L.James, ya finalmente estrenada, ha coleccionado más críticas negativas que positivas. Se la ha tachado de historia mediocre, aburrida, reiterativa; de “pomposo y tedioso melodrama sadomasoquista”, de “provocación más bien blandita” en tiempos saturados de porno… Verdaderamente, no son críticas que hablen demasiado bien de este fenómeno que ha venido a revolucionar el mundo literario y que tantas expectación creó antes de su estreno cinematográfico. No importa. Lo único importante de esta película es, quizás, y al igual que sucede con la propia trilogía literaria, es que ponga de actualidad el hecho de que las personas puedan, de una manera más o menos desenfadada, hablar de sexo y de prácticas sexuales diversas y no convencionales gracias al pretexto de la película o el libro.

Que el erotismo, en cierto modo, se convierta en una especie de moda y que la gente pueda hablar con tranquilidad de BDSM, bondage o sadomasoquismo está bien. De hecho, está muy bien. Ya perdemos demasiado tiempo hablando de fútbol o política o cosas que, después de todo, están menos ligadas con el placer y con el sentimiento de realización personal. Ésa, probablemente, es la mayor virtud de este acontecimiento literario-cinematográfico que es Cincuenta sombras de Grey.

Al abrigo de esta moda se publican artículos que hablan de sexo, se editan nuevos libros eróticos y se recupera, aunque sea de manera circunstancial, un género que parecía fenecido desde los tiempos de María La Nuit, Vampirella, Lucifera o Anacorma: el cómic erótico. Si Vampirella y Lucifera, con su temática erótico-terrorífica, eran los primeros cómics eróticos que, en tiempos de la Transición, llegaban a España; y el ilustrador Nazario, con Anacorma, o el dibujante Alfredo Pons, con el personaje de María, una prostituta del Barrio Chino barcelonés que se convertía en la protagonista de María la Nuit, conseguían, desde las páginas de la mítica revista El Víbora, reivindicar el elemento erótico en el cómic de fabricación nacional; es ahora la editorial La Cúpula (que ya fue en su tiempo la editora de El Víbora) quien da un paso adelante para insuflar nueva vida a ese género del cómic que es el cómic erótico.

Quizás ha influido en la práctica desaparición de este género en occidente (que contrasta con la vitalidad que todavía muestra el hentai, el cómic erótico japonés) el hecho de que puedan contemplarse hoy miles y miles escenas de sexo real con un simple clic de ordenador. Por eso hay que valorar en su justa medida el esfuerzo que La Cúpula hace al editar Rubor, una colección de doce historietas imaginadas y dibujadas por doce ilustradores e ilustradoras distintos.

Las doce historias, impresas todas en ellas color rojo o anaranjado (ése es el color del rubor y ése, también, el que tradicionalmente se asocia a la pasión), están ordenadas para que avancen de menor a mayor grado de pornografía.

La heterogeneidad de estilos y temáticas de Rubor intenta ser un reflejo del carácter variado de la sexualidad humana. Variadas son las fantasías eróticas que se reflejan en las historietas de esta obra colectiva coordinada por el ilustrador Jordi Pastor: voyeurismo, fetichismo, cruces casi imposibles entre el sexo y la gastronomía, relaciones homosexuales, relaciones heterosexuales… Las historietas de Rubor van dirigidas a todas las tendencias sexuales.

Desde el estilo naïf de profesionales de la ilustración y el dibujo como Alexis Nolla o Candela Ferrández hasta estilos un poco más barrocos y detallistas como los de Enrique Corominas o Danide, los dibujos de Rubor intentan ser un muestrario del comportamiento sexual humano. La tarea de estos cuatro dibujantes ya citados viene completada por los siguientes autores: Marcos Morán, Gabrielle Piquet, Artur Laperla, Sergi Puyol, Giulia Sagramola, Alexis Nolla, Martín Pardo o Carmen Segovia.

Historietas con títulos tan sugerentes como Manual básico de prevención de riesgos sexuales, Gran aventura sexual o La jardinera y el cazador (con reminiscencias de El Decamerón) son las que conforman Rubor, esta fantástica iniciativa de la editorial La Cúpula, que sigue, así, siendo fiel a su historia.