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Webcams eróticas: el gran negocio del videochat erótico

Webs porno y video chat erótico

No hace mucho que dedicamos un post a la situación del porno español. Allí hablamos de cómo la industria del porno española había tenido que adaptarse a marchas forzadas a la expansión del sexo gratuito por internet. En el post que dedicamos a dicho asunto hablamos de cómo muchas empresas se habían quedado en el camino y cómo la mayor parte de las que habían conseguido abrirse un pequeño hueco en el mundo del porno lo habían hecho financiándose a través de las webcams de sexo.

Pero, puede preguntarse alguien, ¿las webcams de sexo dan muchos beneficios? Pues sí. Pueden darlos. Y muy altos. Por ejemplo: se calcula que Live Jasmin, una de las plataformas de webcams eróticas líderes en el mercado mundial, tiene unos ingresos anuales de 350 millones de euros. 35 millones de visitas y diez mil shows diarios permitirían esos ingresos. Live Jasmin tiene en España, en número de búsquedas por internet, la misma popularidad que Ryanair o el diario The Guardian.

Obtenemos estos datos de “La vida detrás de una webcam de sexo”, un artículo publicado por la periodista, bloguera y activista femenina Elena Ledda en La Vanguardia. En ese artículo se recoge, también, la opinión de Márton Fülöp, jefe de operaciones de la empresa que gestiona Live Jasmin, sobre los motivos que explican el éxito de su plataforma. Fülöp opina que la interacción permitida por la plataforma y la experiencia de la misma hacen posibilitan a los usuarios de Live Jasmin el poder ofrecer precisamente aquellos contenidos que quieren ver. Y lo que la gente quiere ver a través de las webcam de sexo es, explícitamente, sexo en directo. Es decir: pornografía. Por eso hay quien habla de este género como de pornografía interactiva.

Algunas personas consideran que el trabajo de modelo webcammer (la mujer que se exhibe en las webcams eróticas) es una forma de prostitución. La webcammer, de hecho, y ése es el argumento que utilizan aquéllos que piensan que la modelo que actúa ante una webacammer ejerce una especie de prostitución, acostumbra a hacer lo que solicita el usuario que haga. Siempre, claro, dentro de lo permitido en dichas webs. Después de todo, prácticas con heces, orines, leche materna o sagrado menstrual acostumbran a estar prohibidas en las webcams de sexo. También se suelen prohibir las escenas de flagelación o cualquier tipo de bestialismo.

Tipos de CiberPorno

Elena Ledda nos muestra en su artículo los diferentes tipos de CiberPorno existente.

El primero de ellos, el más primario, el de los portales CiberPorn 1.0, sería aquél en el que la interacción con las modelos sólo podrá ser ejercida por aquellas personas que, habiéndose registrado en el portal, compren minutos para estar online o bien con la tarjeta de crédito o bien asumiendo el coste de la llamada. En estos casos, el cobro de servicio se inicia cuando la modelo convence al usuario para que se adentre en el chat privado. Es dentro del chat privado donde la modelo ofrece sus shows eróticos. Llegados a ese punto, será la inteligencia emocional de la modelo y su sensualidad y savoir faire las que, interactuando y combinándose, se encargarán de intentar retener al usuario on line durante el mayor tiempo posible. A mayor tiempo de conexión, mayor recaudación. En este sentido, el funcionamiento de estos portales es similar al de los tradicionales teléfonos eróticos.

Un modo más avanzado de funcionar, el que podríamos llamar CiberPorn 2.0, sería aquél por el que optan actualmente la mayor parte de las plataformas de videochat erótico. Este método consiste en la creación de una cuenta y en la compra de monedas virtuales. Una vez realizado el cobro del servicio prestado, se reparten los ingresos con las modelos. El porcentaje que se llevan las modelos dependerá de las normas de cada plataforma. Esas monedas virtuales reciben también el nombre de fichas o tokens. En el caso de las plataformas que actúan siguiendo el modelo CiberPorn2.0 los ingresos provienen de la cantidad de créditos o monedas virtuales compradas por los usuarios. La interacción entre modelos y usuarios es mayor en estos casos. En este tipo de plataformas se puede pedir un show privado y exclusivo o se puede optar por solicitar que el show se haga público, es decir, que lo vean más personas que aquélla que ha comprado el servicio. Ésta pagará una determinada tasa, pero el resto de usuarios que accedan al show podrán verlo gratuitamente. Este tipo de plataformas permite también que la modelo bloquee a aquellos usuarios que, tras “contactar” en múltiples ocasiones con su chat, no hayan comprado nunca una de esas monedas virtuales ni, por tanto, show alguno. Ese tipo de usuario hace perder el tiempo inútilmente a una persona que, al fin y al cabo, está ahí para conseguir unos ingresos.

De entre todas las plataformas de webcams eróticas la canadiense Cam4 es, probablemente y pese a estar gestionada desde el extranjero, la más española de todas ellas. El 40% de su tráfico procede de España. ¿Cuántas visitas son ésas? ¡¡¡Unos 80 millones al mes!!! Por otro lado, el 30% de los modelos que se exhiben por videochat en Cam4 proceden del Estado español. De entre todos ellos, el 60% son hombres (en su inmensa mayoría, gays). Cam4 sostiene que divide la cantidad ingresada pro cada usario en dos mitadas. Una de ellas va a parar a los bolsillos del modelo o la modelo que haya prestado el servicio; la otra, a Cam4.

No hace falta decir que la fiscalidad de este negocio no destaca por su transparencia. La deslocalización de las transacciones monetarias que se producen hace que sea así. Dinero que viene de un país para pagar un servicio que se presta desde otro sin factura de por medio: así funcionan las plataformas de videochat erótico. ¿Cómo fiscalizar esa actividad?

Elena Ledda, en su fantástico y revelador artículo, destaca cómo de las tres plataformas consultadas sólo una de ellas, Live Jasmin, se prestó a hablar de fiscalidad. Los representantes de Live Jasmin aseguraron, afirma Ledda, que pagaban sus impuestos en el país en que tienen radicada su sede: Luxemburgo. Cam4 no quiso hablar de fiscalidad y Chaturbate, por su parte, se negó a participar en el reportaje de Ledda. En la actualidad, son infinitas las plataformas de sexo in streaming que ofrece entre sus servicios el de webcam erótica. De hecho, y como ya señalamos en su momento, es gracias a dicho servicio como estas páginas suelen financiarse.

El usuario y la adicción

Intentar realizar un perfil genérico del usuario de las webcams de sexo es una utopía. Seguramente deben existir tantas motivaciones como usuarios. Algunos son casados, otros solteros; unos dedican apenas unos euros al mes, otros se dejan importantes cantidades… Ni siquiera existe una estadística fiable sobre el número de usuarias de las webcams de sexo. Cam4 sostiene que una cuarta parte de su audiencia es femenina. O así, al menos, es como se ha registrado en el portal una cuarta parte de sus usuarios.

Lo que sí puede afirmarse, y eso es algo mantenido por diversos psicólogos, es que el videochat erótico puede resultar fuertemente adictivo. ¿Por qué? Por diversos motivos. El primero de ellos es que el usuario puede, al usar la webcam erótica, liberar sus fantasías con absoluta libertad y sin que nadie le juzgue. El que el usuario pueda llegar a confundir las fronteras entre realidad y ficción y, así, pueda sentirse un conquistador, dependerá en gran parte de lo bien que realice el trabajo la webcamer. En cualquier caso, el sentirse conquistador de bellas y desinhibidas mujeres puede crear adicción en personas de frágil o débil autoestima. El tercer motivo que explicaría por qué el videochat erótico puede resultar adictivo es ese sentimiento de poder que puede apoderarse del usuario que parece imponer un tipo de comportamiento a la modelo. No hace falta decir que de la calidad interpretativa de la webcamer dependerá el que su rol sumiso sea más o menos convincente y, por tanto, el usuario se sienta más o menos al mando de la relación.