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La espiritualidad del falo

Del tamaño del pene

Podemos hablar del pene desde muchos puntos de vista. Podemos fijarnos en cómo ha sido reproducido artísticamente a lo largo de la Historia, citar algunas obras, recordar los muros de Pompeya, rememorar alguna de las magníficas imágenes del fotógrafo Robert Mapplethorpe o maravillarnos ante el catálogo de moldes realistas de penes de Joseph Tailor.

Del pene también podemos hablar desde el punto de vista de la fisiología, hablar de su mayor o menor tamaño, de las medias según las razas, de lo que es un micropene y de lo que no lo es, del ínfimo tamaño que al parecer tenía el miembro del actor Montgomery Clift, del molde que una groupie sacó del pene de Jimi Hendrix, del mítico cipotón conservado en formol que se atribuye Rasputín y de aquella anécdota que habla de lo que Ava Gardner contestó una vez cuando le preguntaron qué veía en un hombre que, físicamente, era tan poquita cosa como lo era Frank Sinatra. Si apenas pesará 50 kilos, le dijeron a Ava. Y Ava, la deslenguada Ava, la siempre al filo de la juerga Ava, la bellísima y sensual Ava, la Ava que ha pasado a la historia como una auténtica devoradora de hombres, contestó impertérrita algo así como: “sí, hay 50 kilos de Sinatra, es verdad, pero de esos 50, 48 son de Frankie”. No hace falta echar mucha imaginación para saber a qué se refería “el animal más bello del mundo” cuando hablaba de Frankie.

Falo y religión

De todas esas formas (y de alguna más) podemos hablar del falo, pero esta vez vamos a hacerlo desde su vertiente espiritual. Porque también la tiene. Existe una espiritualidad del falo. Basta echar un vistazo a la historia y a la simbología de muchas religiones del mundo para comprobarlo. La historia de las religiones está llena de símbolos fálicos. También la mitología. ¿A qué remite, si no, el cuerno del unicornio? ¿No es un símbolo fálico el menhir? ¿No lo son los bastos del Tarot? ¿No lo es el Kanamara Matsuri, una celebración sintoísta en la que se celebra al falo (bien en forma de escultura, bien en forma de alimentos con forma de pene) como símbolo de vigor y fertilidad? ¿No lo eran aquellas pequeñas figuritas fálicas que los romanos se colgaban al cuello para ahuyentar al mal de ojo?

Veamos algunos ejemplos de cómo el pene ha desempeñado un rol fundamental en muchos rituales y muchas culturas:

  • La diosa egipcia Isis, esposa del dios Osiris, a quien los peces habían amputado el pene, insufló vida a un falo de barro cocido para, de ese modo, poder sustituir el pene amputado de su amadísimo esposo. ¿Que cómo lo hizo? Con la boca, claro.
  • Los faraones, en sus coronaciones, debían demostrar que eran capaces de eyacular.
  • Min, dios de la fertilidad egipcio, era representado siempre en estado de erección. También en perpetuo estado de erección era representado Príapo, dios griego hijo de Afrodita y de Dionisio. De su nombre se deriva el priapismo, enfermedad consistente en la erección no remitente (y, por tanto, dolorosa) del pene.
  • min

  • En la antigua Chipre se veneraba a una divinidad, Afrodito, que, con rasgos femeninos, poseía un pene bajo la falda. Los griegos convirtieron a Afrodito (con algunas variaciones) en Hermafrodito. En las fiestas en honor de este dios que podría ser considerado el santo patrón del travestismo, hombres y mujeres intercambiaban sus ropas.
  • El falo erecto servía en la cultura romana, como ya hemos dicho, para ahuyentar el mal de ojo. Por eso cocinaban pasteles fálicos, decoraban sus casas con penes y llevaban esos amuletos a los que, en alguna ocasión, les pintaban un ojo.
  • adoracion del pene

  • En Japón perviven, aún hoy, dos procesiones fálicas. Una es la ya nombrada del Kanamara Matsuri, en la que se sacan dos falos gigantescos a pasear (uno de metal negro y otro de metal rosa). La otra se celebra en la ciudad de Komaki cada 15 de marzo. Esta celebración recibe el nombre de Hounen Matsuri y consiste en sacar de procesión un pene de madera de ochenta kilos y dos metros y medios de largo. Cuando finaliza la procesión, ¿qué sucede? Pues que, a la puerta del templo en el que el impactante pene es guardado, éste es agitado violentamente mientras se lanzan sobre la multitud blancos pastelitos de arroz.
  • mara kannon

  • En Japón también podemos encontrar un templo, el Mara Kannon, un lugar al que peregrinan cada año muchos hombres y mujeres para buscar una solución a sus problemas de disfunción eréctil o de infertilidad. En el bosque que rodea a este templo, situado en la ciudad de Tawarayama, se pueden encontrar múltiples representaciones fálicas junto a las que los visitantes dejan pequeños textos con oraciones o peticiones.

Como vemos, el falo puede ser algo ciertamente muy espiritual. Del Santo Prepucio (es decir, de la piel que sobró del pene de Jesús cuando éste, como todo judío, fue circuncidado), preferimos no hablar a pesar de que fue venerado en muchos lugares de la Cristiandad. Sin ir más lejos, en el pueblo italiano de Calcata fue venerado hasta 1983. Si no hablamos de él no es sólo por lo que de dudoso tienen, a nuestro parecer, algunas reliquias. Es también porque para nosotros lo que diga la Congregación para la Doctrina de la Fe va, y nunca mejor dicho, a misa. Y esta congregación, heredera de la antigua Inquisición, lo dejó meridianamente claro en 1900: “toda persona que hable, escriba o lea sobre el Santo Prepucio será considerada despreciable”. Callamos al respecto, pues.