¿Es lícito imaginar a Anne Hathaway desnuda y follando? Por supuesto. Y hasta diríamos más: es obligatorio. Los motivos los iremos desgranando a lo largo de este artículo. Baste de momento con decir que mancillar lo aparentemente puro es algo que siempre nos ha excitado. Quizás lo hace desde que leímos por vez primera Justine o los infortunios de la virtud, la famosa obra del Marqués de Sade. Pero de ello ya tendremos tiempo de hablar. Nos sumergiremos entonces en nuestros delirios más tórridos. Dejaremos volar nuestra imaginación y construiremos nuestra propia escena BDSM con Anne de protagonista.
Antes de ello vamos a conocer algo sobre su vida. Repasaremos los títulos más famosos de su filmografía y, por supuesto, haremos un breve repaso de aquellos en los que la actriz nos muestra su lado más caliente. Será entonces, cuando haya hecho inventario de los desnudos más sexys que ha protanizado Anne Hathaway, cuando soltaremos las amarras que nos atan a la realidad y echaremos a volar nuestros sueños. Seguro que nos llevan a un sitio muy, muy caliente.
Breve biografía de Anne Hathaway
Talento, dedicación, evolución constante… Estos tres conceptos sirven para explicar la exitosa carrera profesional de Anne Hathaway. Neoyorquina de Brooklyn y nacida en noviembre de 1982, su inclinación hacia las artes escénicas fue muy tempranera.
Durante su adolescencia participó en una serie de montajes teatrales que le sirvieron para ir tomándole el pulso al oficio de la interpretación.
En 2001 debutó en el cine interpretando el personaje de Mia Thermopolis en la película Princesa por sorpresa. En este film, Anne era una joven que, de la noche a la mañana, descubre que es heredera al trono de un pequeño país europeo. La joven actriz estadounidense aprovechó la ocasión para ganarse con total merecimiento el reconocimiento como joven promesa en la industria cinematográfica.
Su gran versatilidad le permitió interpretar papeles muy diversos en géneros muy variados, desde comedias románticas a intensos melodramas. Dichas interpretaciones le han permitido obtner un Oscar, un BAFTA, tres Globos de Oro y algunos SAG.
Entre sus films más famosos podemos citar:
- El diablo viste de Prada (2006)
- El casamiento de Raquel (2008) (Película por la que fue nominada al Oscar)
- Alicia en el país de las maravillas (2010)
- De amor y otras adicciones (2010)
- Los miserables (2012) (Ganó el Oscar a Mejor Actriz de Reparto)
- Interestelar (2014)
- Pasante de moda (2015)
- Colossal (2016)
- Ocean’s 8: las estafadoras
- La idea de ti (2024)
Hecho un breve inventario de las películas más famosas de Anne Hathaway, vamos a ver a en el siguiente apartado cuáles han sido sus films más sexys o, lo que es casi lo mismo, en qué pelis ha salido Anne Hathaway desnuda.
Anne Hathaway desnuda: sus películas más sexys
Más allá de por su capacidad actoral, la actriz estaodunidense es conocida también por su innegable sensualidad. Ésta siempre está presente en ella, pero se ha hecho sin duda evidente en las que ha mostrado su cuerpo desnudo.
La primera de las películas de Anne Hathaway desnuda es Havoc (Caos), estrenada en 2005. Dirigido por Barbara Kopple, este film cuenta la historia de unos adolescentes de clase alta de Los Ángeles que imitan el estilo de vida de las bandas narcotraficantes propias de la cultura hip hop. Hasta aquí, la imagen de Anne se había asociado a la de una princesa. A partir de su interpretación de Allison Lang en un ambiente de drogas y violencia, la imagen de la actriz fue enriqueciéndose con nuevos matices. El film queda también para la posteridad por ser la primera vez en que se pudieron ver los pezones de Anne Hathaway en la gran pantalla.
Tras Havoc, la siguiente película en la que tuvimos la suerte de ver a Anne Hathaway en pelotas fue en Secreto en la montaña (2005). Aquí, la actriz neoyorquina nos volvió a mostrar sus pechos, de los que volvimos a enamorarnos. Y es que el top less de Anne Hathaway, sin ser la norteamericana una famosa tetona como lo son Sofía Vergara o Kate Upton, sí tiene unos pechos lo suficientemeente hermosos y voluminosos como para hacer las delicias de nuestra vista y como para poner en marcha el mecanismo de nuestro deseo.
Y si las imágenes de Secreto en la montaña no bastan, ahí tenemos, también, las de De amor y otras adicciones. En esta comedia romántica, Hathaway volvió a mostrar la belleza de sus pechos y la maravilla de sus pezones, de los que hablaremos cumplidamente más adelante, en otro apartado, cuando nos dediquemos en exclusiva a alabar la belleza y la sensualidad de la actriz neoyorquina y a desvelar las fantasías eróticas que despierta en nosotros. Por ahora nos bastará con decir que Anne interpretó en este film el papel de Maggie Murdock, una joven con Parkinson precoz que se enamora de un representante farmacéutico. La actriz declaró después que no había sido fácil interpretar las escenas de sexo con Jake Gyllenhaal, con quien ya había coincidido en Brokeback Mountain.
Tampoco debió resulta fácil para ella ver subidas a la red fotos íntimas en las que la actriz aparecía desnuda junto a su marido en la cama y en la ducha. Y es que los hackers, indecentes, hicieron con ella lo mismo que, en otros momentos, habían hecho con Scarlett Johansson, Emma Watson y Jennifer Lawrence: mostrar parte de la vida íntima de la actriz sin su consentimiento. Por supuesto, nostros criticamos la actitud de los hackers, pero entendemos que fijen su mirada en una mujer que, bella y seductora como lo es la Hathaway, despierta en nosotros las fantasías eróticas que vamos a contar a continuación.
Anne Hathaway o el morbo de la inocencia mancillada
Al inicio de este artículo decíamos que mancillar lo aparentemente puro es algo que nos excita desde hace mucho tiempo. La culpa de que se sentimiento brotara en nosotros la tiene, con toda probabilidad, la lectura de Justine o los infortunios de la virtud, la famosa obra del Marqués de Sade. Aún recordamos el impacto que nos causó aquella lectura, cómo nos sobrecogieron las vivencias de la virtuosa e inocente Justine. A lo largo de la obra, esta adolescente inocentona y hasta un poco tonta es agraviada y sometida por personas de diferentes estamentos sociales a todo tipo de abusos y maltratos de tipo sexual. Muchas de las escenas descritas por el lúbrico marqués permanecen aún en nuestra memoria. ¿Cómo olvidar aquéllas en las que los monjes rijosos de una infernal abadía abusan de ella de manera casi brutal?
Aquellas escenas nos dejaban sin aliento. En cierto modo aborrecíamos todo aquel carrusel de actos depravados pero no podíamos evitar sentir cierta atracción. Morbosa atracción. Como los niños que de puro miedo se tapan los ojos con la mano pero, muertos de curiosidad, entreabren los dedos para ver a través de ellos aquello que les causa tanto terror. Así nos sentíamos: percutidos en la moral pero sensualmente excitados.
Quizá fue entonces cuando empezamos a cultivar nuestro gusto por las cuerdas y el bondage, por los juegos con cera, por la cruz de San Andrés, por el látigo y la fusta, por las agujas, por el fuego, las pinzas y por todas esas cosas que son propias del BDSM y que empezaron a subyugarnos con aquella lectura y las que vinieron después. Todas ellas nos pusieron a la busca y a la espera del día en que por fin halláramos a nuestra Justine privada, a esa muchacha de apariencia inocente a la que podríamos mancillar hasta dar salida a todos los deseos que el perverso Sade había sembrado en nosotros.
Y entonces llegó Anne Hathaway y supimos que había concluido la espera. Por fin había llegado a nosotros aquella mujer de apariencia inocente a la que queríamos mancillar con los actos lúbricos y desatadamente inmorales de nuestro deseo. Nos lo decían sus grandes ojos con su mirada casi infantil. ¡Cuánta dulzura puede desprender esa mirada! Y cómo nos gustaría cambiarla por esa otra mirada excitada y cachonda que hemos visto en otras mujeres que están gozando de sexo del bueno, de ése que no conoce de otras barreras que no sea el sentido común y una safeword cuidadosamente seleccionada. Es ésa la mirada que queremos ver en esta sensual actriz: la mirada desorbitada del gozo extremo, la mirada extraviada de quien siente cómo su cuerpo entero está siendo recorrido por la sensación casi enloquecedora del placer más intenso que el cuerpo humano puede soportar.
Anne Hathaway, nuestra esclava para BDSM
Nos excitan mucho los carnosos labios de Anne Hathaway, la luminosidad de su generosa sonrisa, su piel blanquecina… Somos de los que creemos que, publicitando en exceso la belleza de la piel bronceada, se ha desprestigiado inmerecidamente esa piel blanquecina que siempre hemos creído que es uno de los signos distintivos de la mujer ninfómana. No vamos a decir que ella lo sea, pero sí que intuimos que tras esa apariencia inocente y virginal que transmites se esconde una mujer a la que le gusta (y mucho) disfrutar de las mieles del sexo.
Y es que, en nuestra calenturienta imaginación, sólo una mujer puede tener esos pezones que hemos visto en la gran pantalla y que nosotros intuimos duros y compactos, motivo por el que los escogimos como un sueño imposible para nuestros labios, para nuestra lengua, para nuestros dientes. Ellos, en ese sueño, mordisquearían esos pezones para hacer subir tu temperatura hasta que Anne Hathaway se despojara de todo aquello que la vuelve artificial (toda esa ropa que tan bien acostumbra a lucir) para mostrarse tal y como creemos que es: desnuda y fogosa, dichosa esclava de todos nuestros caprichos.
Sería entonces como nosotros haríamos por fin realidad aquel sueño típicamente BDSM que Sade introdujo en nosotros cuando en el siglo XVIII escribió aquellos textos incendiarios que cambiaron nuestra imaginación sexual para siempre. No describiremos las escenas que él ya describió de manera magistral pero sí diremos que, en nuestra fantasía, no podemos dejar que seas Anne quien marque el ritmo e imponga las leyes de nuestro imaginado encuentro erótico. Si lo hiciéramos, acabaríamos siendo seducidos por su aspecto de niña bien y pura, de niña casi virginal que conseguiría enamorarnos hasta convertirnos en la sombra de lo que siempre fuimos, calzonazos olvidados de nuestros sueños sádicos.
Debemos ser nosotros, por tanto, quienes marquen las reglas de esa fantasía; nosotros quienes las impongan; nosotros quienes determinen qué postura adoptará para que nosotros lleguemos y entremos en ella sin contemplaciones, niña virginal y bella, casi reencarnación 2.0 de Audrey Hepburn, mosquita muerta de coño ardiente, Justine de nuestros sueños BDSM, bella Anne Hathaway tanto tiempo esperada y al fin hallada.
