Nunca lo pudimos imaginar. ¿Quién iba a decirnos que íbamos a tener sueños lúbricos con aquella chica Disney que atendía al nombre de Hannah Montana y que era el espejo en el que se miraba toda una legión de niñas de todo el mundo? Pero las niñas y las adolescentes (como lo era Hannah en la célebre serie televisiva) crecen y acaban convirtiéndose en mujeres y, en algunos casos, en mujeres con mucho morbo. Y la mujer en la que se convirtió Hannah es de ese tipo: morbosa y excitante, provocativa y con una capacidad innata para despertar nuestra lujuria. Su nombre actual, el nombre de la mariposa en que se convirtió aquel gusano de seda, despierta en nosotros fantasías eróticas casi inenarrables. De ellas hablaremos al final de este post. Ellas servirán para demostrar que no podemos resistirnos a la tentación de soñar con Miley Cyrus desnuda y follando.
Miley Cyrus es el nombre de esa mujer provocadora y un puntito perversa y demoníaca en la que se ha convertido quien fuera Hannah Montana. Imaginar a Hannah Montana desnuda habría sido algo sucio y aproximadamente delictivo. Imaginar a Miley Cyrus desnuda, por el contrario, es algo irremediable y está plenamente justificado. ¿Cómo no hacerlo cuando uno se enfrenta a la visión de una mujer así?
Vamos a dedicar este artículo a esta excitante artista estadounidense. En él hablaremos un poco de su vida y de los éxitos que ha acumulado en su profesión, pero también buscaremos la manera de entonar una loa a su innegable atractivo físico y a su morbo.
Para justificar nuestras palabras las ilustraremos con algunas de las fotos más hot de Miley Cyrus. Mirando esas fotos nadie podrá decir que nuestra calentura no tiene justificación, que la chica no es para tanto, que somos unos salidos… Difícil será que no sientas cómo el deseo crece en ti mientras miras las fotos de la célebre cantante.
Breve biografía de Miley Cyrus
Un inacabable mosaico de momentos brillantes, una lista casi interminable de éxitos, un constante deseo de reinventarse… Cualquiera de estas tres expresiones podrían servir para ponerle un lema a la vida de Miley Cyrus.
Nacida el 23 de noviembre de 1992 en Nashville, Tennessee, Miley Ray Cyrus tuvo desde bien pequeña inclinaciones artísticas. Algo inevitable, por otro lado, puesto que Miley nació en un entorno marcadamente musical. Sin ir más lejos, su padre, Billy Ray Cyrus, es un famoso cantante y compositor de música country.
Fue a los 11 años cuando Miley obtuvo el papel protagonista en la serie de Disney Channel Hannah Montana. Este papel catapultó a la fama a la joven actriz estadounidense y la convirtió en un icono para muchas adolescentes. La serie se emitió entre 20026 y 2011 y fue un fenómeno absoluto en todo el mundo.
El inicio de la carrera musical de Miley Cyrus hay que ubicarla en esos años en los que la estadonidense ponía cara y cuerpo al personaje de Hannah Montana. Fue entonces cuando lanzó su primera banda sonora y también cuando descubrió, por vez primera, que la fama puede resultar agobiante si no se sabe enfrentar la presión que implica vivir bajo el escrutinio público y la mirada de los demás.
Tras finalizar la serie, la actriz y cantante decidió «liquidar» su tierna imagen de niña buena y buscó proyectar una más atrevida y, sin duda, más provocativa. Era el año 2013 y su álbum Bangerz, que contenía el éxito Wrecking Ball, fue todo un éxito y el punto de arranque de una carrera en el que la provocación iba a convertirse en un elemento capital de una propuesta artística que, en el fondo, tiene algo de rebeldía y de reivindicación sin fisuras de la propia libertad.
Tras Bangerz, entre los trabajos más populares de la cantante de Tennessee podemos destacar su disco rockero Plastic Hearts (2020) y Endless Summer Vacation (2023). De entre sus temas más célebres podríamos citar Flowers (que lideró listas en más de 35 países), Party in the U.S.A., Midnight Sky o We Can’t Stop.
Miley, que ha atravesado fases vitales en las que ha tenido que bregar contra la ansiedad o contra la depresión, ha utilizado su proyección pública para abogar por el bienestar emocional y por la salud mental. Su preocupación por diferentes aspectos sociales la han llevado a defender en más de una ocasión aspectos realizonados con la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente y con los derechos del colectivo LGBTQ+.
El sueño de Miley Cyrus desnuda y follando
Conocida la biografía de Miley Cyrus y reconocida y aplaudida su valía como artista, vamos a sumergirnos ahora en la fantasía de soñarla a nuestro alcance. A eso nos lleva la excitación que verla nos provoca: a imaginarla como a una visitante ocasional de ese piso destinado al alquiler turístico que hay en nuestra escalera y por el que ya hemos visto pasar a mujeres que «se parecían a» o que nuestra mente perturbada confundió con artistas y modelos guapas y morbosas como Dakota Johnson o Emily Ratajkowski.
En esta ocasión, también como entonces, dejaremos bajo la puerta una carta destinada a esa mujer a la que no podemos dejar de imaginar desnuda y follando. Una carta que dice lo siguiente:
Hola, Miley.
Dinos, por favor, cómo hacerlo. Dinos cómo no sentirnos repentinamente sucios cuando entramos en la habitación de nuestra hija y vemos los viejos pósters, las mochilas que un día cargaron con sus libros, los estuches llenos de lápices de colores, las muñecas, las carpetas… Te reproducen una y otra vez esos objetos y, reproduciéndote, nos devuelven al tiempo en que todos nosotros te conocíamos por otro nombre y tú eras un fenómeno de masas, el ídolo de tantas y tantas niñas y tantas preadolescentes que soñaban con ser cantantes. Las tiendas de juguetes y de objetos de merchandising reproducían una y otra vez tu imagen y aquel nombre que aparecía reproducido en todos ellos: Hannah Montana.
Ese nombre sigue clavándose en nuestra memoria y es él el que nos hacen sentirnos sucios cuando vemos tus fotografías, tus poses, tus desplantes, tu lengua mostrada una y mil veces, tu actitud libérrima y desenfadada, libre de tapujos y vergüenzas, un poco barriobajera y provocadora hasta lo soez, y sentimos cómo algo dentro de nosotros se enciende, cómo nos provoca y excita y nos hace mirarte como se mira aquello que produce un morbo que, como todo morbo que se precie, ronda lo prohibido.
Te imaginamos desnuda. Te imaginamos abierta de piernas sólo para nosotros y soñamos volvernos de goma para amoldarnos a esa flexibilidad tuya que nos tortura desde las páginas de las revistas y desde los escenarios. Subes a ellos cabalgando inmensos penes de plástico. Nos miras a los ojos mientras llevas tu mano a ese espacio prohibido y soñado en el que se encuentran tus muslos musculados. Nos sonríes procaz como una lolita emputecida y golfa. Nos muestras tu lengua larga y hábil de cantante y, justo cuando nosotros, ya empezamos a soñar con esa lengua recorriendo la hinchazón endurecida de nuestra masculinidad, es tu dedo corazón el que nos dice que no, que vayamos a paseo, que no estás hecha para nosotros.
¿Cuánto de desprecio hacia quien fuiste un día hay en esa peineta que tu dedo ejecuta para nosotros? ¿Tan harta acabaste del ídolo de masas que representaste durante varias temporadas televisivas en Disney Channel y alguna que otra película y vídeo-clip? Se calcula que en 2008 contemplaban la serie, a nivel planetario, unos doscientos millones de espectadores, entre ellos, muchas niñas que querían ser tú, muchas niñas que querían ser Hannah Montana. Pero tú, Miley, querías ser algo más que Hannah Montana, ¿verdad? ¿Por eso optaste por el camino drástico de convertirte en símbolo de la provocación erótica juvenil? Quizás tienes razón y la mejor manera de borrar el recuerdo de aquella serie de tu memoria y de la nuestra haya sido la de mostrarte como ahora y siempre que puedes te muestras: fragmentaria, desnuda y reiteradamente sexy.
Seguiríamos hablando de ti durante horas. Seguiríamos dejándote cartas como ésta en el buzón. Pero preferimos abandonar toda acción que no sea la de tumbarnos en el diván de nuestros delirios y abandonarnos a la deliciosa y embriagadora fantasía de imaginarte en cueros, entregada al sexo, sintiendo cómo un orgasmo se apodera de ti.
Así te imaginaremos siempre, Miley: morbosa y procaz, provocativa y sexy. Siempre incendiando nuestro deseo, que hace ya tiempo se hizo adicto a la fantasía de ver a Miley Cyrus follando, libérrima y cachonda, viciosa y gamberra.
Las fotos más hot de Miley Cyrus
Hoy nos acercamos al quiosco de la esquina y, en la portada de una revista, encontramos las tetas de Miley Cyrus. Mañana será el culo de Miley Cyrus el que reclame nuestra mirada lúbrica y nuestro pensamiento sucio desde algún diario digital.
Ya no hay estuches con lápices de colores y rotuladores Carioca con el rostro de la cantante estadounidense. Ya no hay mochilas en las que encontrar la sonrisa carnosa y la dulce mirada de Hannah Montana. Nuestras hijas andan ya en otras cosas. ¿En qué? Mejor no pensar demasiado en ello. Después de todo, ellas son coetáneas de Miley y ese hecho hace que nuestra mirada lúbrica hacia la cantante y actriz norteamericana se nos vuelva de pronto un tanto turbia, y, ¿por qué no decirlo?, también incestuosa. Seguramente debe existir algún hombre en algún lugar de la ciudad que, al cruzarse con nuestra hija, la mire como nosotros miramos a Miley. Eso nos perturba. Eso nos crea un conflicto moral. Pero el deseo sabe poco de moralidades. El deseo sabe del morbo y el morbo que desprende la cantante es demasiado fuerte como para sustraernos a su influjo.
Y, quien crea que no tenemos razón y que exageramos en nuestras alabanzas, que mire estas fotos. Creemos que bastan para justificar nuestro deseo. ¿O acaso no?
